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  • Carolina Figueroa

Cuando canta el invierno

Actualizado: ene 3

#Invierno, #Alemania, #NaturalezaUrbana


Las enseñanzas de la naturaleza son infinitas y están disponibles para el que quiera recibirlas. Son gratis, sólo requieren un poquito de curiosidad y receptividad.



Durante el invierno los días tienen menos luz, las noches se hacen más largas y la hibernación es un estado natural. Frente a las calles frías, la casa cálida se convierte en un refugio agradable y necesario.


Soy del trópico y mi relación con los ciclos de la naturaleza nunca había estado tan marcada por las condiciones externas del lugar donde vivo. Bogotá es frío, una noche acampando en el páramo es algo cercano a dormir en un congelador, Cali y Medellín son calientes y Honda es un pequeño infierno. Ahora en Berlín tengo todas esas sensaciones repartidas en el año, se sienten estos cambios gradualmente, año tras año, una y otra vez.


En invierno, al color del sol lo reemplazan las decoraciones y los mercados navideños y dentro de las casas alemanas no pueden faltar velas encendidas. Los árboles pierden todas sus hojas y dejan ver la arquitectura de la ciudad, la profundidad de un parque y los diferentes tonos blancos del cielo. En invierno se siente y se ve diferente, se acepta la oscuridad y se sobrevalora cualquier rayo de sol. Cada estación tiene sus criaturas, en invierno llegan diferentes tipos de aves a Berlín a decorar los árboles, mientras permanecen fuertes las palomas y los cuervos.


“Hay algo que me encanta de esta composición: la austeridad. La vida afuera se vuelve más difícil y por eso muchas especies migran a otros lugares para encontrar más comida, pero las que no tienen ese chance, les toca quedarse y rebuscársela.”

Así, con naturalidad cambian los colores, la vida y la forma de vivir. Con aceptación y recursividad, la naturaleza se transforma y se integra en el ciclo de la tierra, conectado a otras dinámicas del universo. Todas estas formas de vida se van anidando, en simultáneo y con gran inteligencia intuitiva. Es una gran máquina que encadena infinitos movimientos, orquestando lo que llamamos invierno. Hay algo que me encanta de esta composición: la austeridad. La vida afuera se vuelve más difícil y por eso muchas especies migran a otros lugares para encontrar más comida, pero las que no tienen ese chance, les toca quedarse y rebuscársela. Las ardillas guardan semillas en su madriguera e hibernan durante las temperaturas más bajas. Los insectos se adaptan de diferentes formas: los que pueden migrar, se van, otros se aglutinan para conservar el calor y otros integran la muerte y el invierno, luego de poner sus huevos.


El invierno es un momento dentro de un ciclo, por lo tanto tiene un fin. La primavera se encadenará rítmicamente a la vida, traerá sus colores y sus cambios. Marcará el comienzo de otros ciclos y de nueva vida. Luego el verano, el otoño y nuevamente el invierno. Todo comienza, termina y vuelva a comenzar; ningún ciclo será igual al anterior. Ciclos de vida en medio de la abundancia y de la austeridad, con desapego y fluidez. Ciclos con mucha sabiduría, que se viven cuando ocurren, no hay de otra. Las enseñanzas de la naturaleza son infinitas y están disponibles para el que quiera recibirlas. Son gratis, sólo requieren un poquito de curiosidad y receptividad.

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