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  • Carolina Figueroa

Limpiando la basura de mi cabeza

#meditacion, #saucha, #meditacionparaprincipiantes, #yogasadhana


Hay una sensación que a muchos nos produce bienestar puro: la limpieza. Luego de bañarse, o de lavarse los dientes se siente como un reseteo, como un empezar de nuevo, da felicidad. Esa es la misma sensación después de meditar, la mente se limpia y la vida se ve con mayor calidad y definición.


Hace más de 6 años había una voz en mi cabeza, esa voz de la lista de tareas que me decía: "debes comenzar a meditar, trata de meditar." Y por un par de años esa voz siguió pasiva en mi mente, aparecía de vez en cuando y yo sólo sabía que algún día tenía que decidir si callarla del todo o hacerle caso. En ese periodo me encontré con un libro muy bonito del Dalai Lama "A profound mind, contemplating wisdom in everyday life" y lo leí con mucha curiosidad. Este libro fue la gota que rebosó la copa y le hice caso a la voz, entonces decidí que iba a comenzar a meditar. La pregunta siguiente fue cómo. No sabía ni cómo sentarme, ni qué pensar, ni qué hacer. Las primeras meditaciones fueron horribles, sentí un grandísimo desespero, me dolió tanto la espalda que me tocó parar y abandonar la tarea.


Entonces busqué en google y me encontré con este programa: Self Development Programme de una plataforma llamada Peace Revolution. Es un programa de meditación de 42 días que ofrece herramientas para cualquier principiante: un mentor, una bitácora de seguimiento y unos videos donde un monje budista guía la meditación. El programa es gratis.


Comencé con el experimento. La mente es un animal sin control, va a donde quiere ir, es un mico que cambia incesablemente de rama en rama. Ese animal sin control dominaba de forma dictatorial mi meditación, así el monje me dijera que me concentrara en la respiración yo estaba pensando en lo siguiente que tenía que hacer ese día. Pero poco a poco, el mico se fue calmando y los espacios de silencio en mi mente fueron aumentando. Seguí los 42 días de meditación con mucho juicio, cada día era una experiencia muy diferente a la anterior.


Quizás uno de los momentos más reveladores fue un día en el trabajo en el que había salido de una reunión, estaba muy ofuscada. Era casi la hora del almuerzo entonces decidí que iba a meditar y luego almorzaría. El monje budista guió nuevamente mi meditación, ya estaba por los 25 minutos de duración. A medida que me acercaba al día 42, las meditaciones se hacían más largas. Entonces, cuando terminó la grabación, abrí los ojos y ya no sentía rabia ni ofuscamiento. Todas esas emociones se habían disuelto. Mi compañero de oficina, que me vio la cara al salir de la reunión y luego después de meditar, quedó bien confundido pues le dije que ya se me había pasado. Si, se me había pasado, fue muy surreal.


Desde entonces cultivo la meditación a diario. Cada día de meditación es diferente pero siempre es una limpieza y un descanso para la mente. Los beneficios de la meditación son múltiples y serán tema para próximas entradas en este Blog.



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